domingo, 16 de octubre de 2016

Los días lábiles



Nuestro amigo y colaborador Eugenio Asensio nos presenta: Los días Lábiles. Un libro colectivo de relatos, creado por: Eugenio Asensio, Amanda Gamero, Jorge Gamero, Mercedes Gascón, Javier López, Herminia Meoro, Mariela Puértolas, Susana Tomás, Lara Vázquez i Àngels Campos.

Autores:



Eugenio Asensio nos envía el prologo del libro donde nos introduce en cada relato de Los días Lábiles del club Marina.

Los días Lábiles Video 



El Club Marina nació a raíz de la relación profesional entre sus componentes, a finales de los años noventa, como grupo de lectura y tertulia literaria.




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Insatisfacciones y desengaños, ilusiones y proyectos, angustias y sueños «extrañamente adheridos a la realidad», recorren los nueve relatos que configuran este libro escrito por los nueve profesores y escritores, integrantes del Club Marina.


LOS DIAS LÁBILES

Club Marina

PRÓLOGO

Hablar sobre lo que escriben otros siempre me ha parecido aventurado y en cualquier caso, una tremenda osadía. Pero, aunque mi profesión me lleva continuamente a ello, reconozco que comentar textos de autores que ya no están entre nosotros no resulta tan arriesgado como hacerlo sobre la obra de escritores presentes. Adentrarse en los paisajes íntimos de estos autores que pueden –y deben, ¿por qué no?- opinar sobre la opinión, e interpretarlos, sí entraña cierto riesgo que este caso, procuraré minimizar con la complicidad de los lectores. Por eso, lejos de perderme en valoraciones, sin duda discutibles, trataré sobre todo de comunicar aquí el placer de esta lectura, de compartir lo hallado en estos nueve cuentos: un brillante mosaico de personajes, emociones y vivencias que la ficción narrativa y el talento de sus nueve autores nos ofrecen como espejos ante la vida.


Los presento:


El Club Marina nació a raíz de la relación profesional entre sus componentes, a finales de los años noventa, como grupo de lectura y tertulia literaria, inicialmente sin pretensión de escribir. Formado por lectores voraces e inquietos, en su mayoría profesores, pronto empezó a introducir el comentario de textos escritos, varios de los cuales editados por algunos de sus componentes.

Al principio solían reunirse en el Café Versalles del barrio de Sant Andreu y en los últimos tiempos vienen haciéndolo en el Café Salambó del barrio de Gràcia, también en Barcelona.

Fue hace ahora unos dos años, cuando surgió la idea de añadir la escritura creativa a las actividades del grupo. De este modo nacen, entre otros, los nueve textos que componen esta antología; sencillamente, con el propósito de explorar y compartir los frutos del proceso personal de creación literaria.  LOS DÍAS LÁBILES es el resultado.

Dentro de la prosa, se consideró el cuento, como la forma más apta para este proyecto colectivo, principalmente por la extensión que, según el escritor americano y crítico especializado en literatura hispanoamericana Seymour Menton, ha de permitir su lectura en menos de una hora. La brevedad lleva asociada una de las principales exigencias del género: la condensación temática. El cuento debe producir en el lector un impacto, un efecto único, de manera semejante a la recepción de un poema.


El escritor E. Vila-Matas en el excelente ensayo Los cuentos que dibujan la vida, destaca precisamente la proximidad entre este género y poesía:

“Tanto la poesía como el relato tienen un evidente paralelismo, pues provienen de la tradición oral y son breves, y, además, debido a esas dos características, han de cumplir el requisito de ser significativos y concentrar en ellos nada menos que toda la vida (…)”.

Coincide Vila-Matas en esencia con las definiciones clásicas del género, a pesar de que constata la dificultad de establecer una que abarque todas las posibilidades de esta “forma literaria tan exigente” que “admite grados de condensación casi poéticos” sin perder por ello “su esencial ritmo narrativo”.
Así mismo, el Catedrático de Literatura Española, M. Baquero Goyanes, Académico de la RAE y uno de los grandes especialistas españoles en el género narrativo en El cuento español del siglo XIX, afirma:

“El cuento es un precioso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente, encarna una forma narrativa, próxima a la novela, pero diferente de ella en la técnica y la intención. Se trata pues de un género intermedio entre poesía y novela, apresador del matiz semipoético, seminovelesco, que solo es expresado en las dimensiones del cuento”.

Esta definición incide una vez más en el efecto que produce el cuento en el lector: provoca en él una emoción parecida a la de la poesía lírica, aunque la técnica y la intención sean diferentes.

También el escritor argentino Julio Cortázar, al que se deben algunos de los más importantes relatos contemporáneos, en su artículo Algunos aspectos del cuento, subraya como rasgos fundamentales las nociones de impacto y “límite físico”: condensación y brevedad. Es precisamente en esa evidencia donde radica la singularidad del género y probablemente su mayor dificultad; si la novela es un desarrollo acumulativo de elementos, a través de una temporalidad extendida, el cuento, por el contrario, debe, igual que la foto, escoger una imagen o un acontecimiento significativo, que actúe como una especie de “apertura” hacia algo que se encuentra más allá de la anécdota que cuenta.

El episodio elegido debe funcionar como símbolo y provocar en el lector la impresión de un “golpe de K.O”.

El cuento, según Cortázar, ha de conseguir “esa fabulosa apertura de lo pequeño hacia lo grande. Todo cuento (…) es como la semilla donde está durmiendo el árbol gigantesco.”


En LOS DÍAS LÁBILES, cada uno de los nueve relatos se asoma al recorte de veinticuatro horas de la vida y la intimidad de unos personajes en manos del tiempo y del azar. Los autores ofrecen impactos emotivos, reflexiones y experiencias que nos permitirán reconocer y reconocernos en ese espacio mágico donde pueden confluir vida y literatura.


“YO QUÉ SÉ” de Eugenio Asensio, nos introduce de un empujón en el escenario nocturno de una espera amenazadora, y compartimos la angustia de unos trabajadores expectantes, sometidos a los designios arbitrarios de la empresa, que aspiran, como máximo triunfo, a conservar su puesto de trabajo, su medio de vida. Resignación desesperada desprenden los personajes cuyos perfiles, apenas esbozados, permiten reconocer al “obrero” -protagonista colectivo- en manos de un sistema que le utiliza como mera parte del proceso productivo y le deshumaniza, mientras “desde una de las ventanas de la última planta, dos señores con gafas contemplaban el hormigueo de los trabajadores por el patio”.


“LA SENTENCIA DE ISMAEL” de Amanda Gamero, sitúa al lector ante el fracaso y la huida como vértices de la fragilidad humana. Tres personajes, víctimas y verdugo, comparten esencialmente el protagonismo de este relato en que la falta de escrúpulos de un traficante, superviviente del naufragio de su propia existencia, disfruta su éxito efímero contemplando el dolor de sus presas, como un depredador indiferente. “La ley de la supervivencia era la única que entendía”.


En “ESTAMPAS DE OPORTO” Jorge Gamero nos propone un paseo íntimo por las emociones de un marinero que elige materializar un sueño y anclar su libertad a la pasión. El descubrimiento de Mina, una prostituta, una enigmática mujer que secuestra su voluntad, le situará frente a un nuevo
horizonte. Este capricho del destino, tan incierto como irrenunciable, se convertirá tal vez en su último puerto, porque “una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes…”.


En “LA DECISIÓN” la autora, Mercedes Gascón, nos coloca ante la muerte a través de un personaje que decide escoger el que ha de ser el último pensamiento de su vida. Acompañamos al protagonista en un viaje interior a través de la memoria que busca a tientas, tratando, tal vez, de reconciliarse con el pasado. Turbios recuerdos, antiguos conflictos no resueltos tejen un presente aparentemente controlado, si no fuera porque la muerte siempre acaba por sorprendernos.


“ANOCHECER EN PRAGA” de Javier López nos traslada a 1942, al escenario de la Segunda Guerra Mundial, donde un hombre “en el mejor sentido de la palabra, bueno”, se oculta para protegerse de la barbarie. El valor de la amistad auténtica y la belleza artística vertebran este relato delicado e intimista, cuyo un universo sensible contrasta con la amenazante brutalidad exterior. El protagonista decide enfrentarse a ella ejecutando libremente un último y sublime acto de rebeldía.
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En “LA VIDA DETENIDA”, de Herminia Meoro, la metaliteratura es el soporte en que descansa la escenificación del desenlace de la propia existencia. Este se llenará no con el recuerdo de momentos vividos, sino de “las imágenes de aquella vida anhelada, soñada, inventada siempre”. Julia, la protagonista, quien viaja a Barcelona citada por un presunto “editor” interesado en publicar sus últimos relatos, se apodera trágicamente del tiempo y detiene, quizás sin pretenderlo, la vida de los otros.


Con la música como marco emocional, en “OJALÁ ESTO PUDIERA SER CANCIÓN”, Mariela Puértolas nos presenta unos personajes sometidos a las leyes del engaño, la soledad y el desencanto cuyos sentimientos se proyectan en melodías y en letras de canciones que escenifican circunstancias y deseos íntimos.

A través de un acertado mecanismo de espejos, la autora establece un breve juego narrativo con Mario, narrador-personaje secundario, y con el lector, y ejerce su dominio creativo con vigor y sutileza anunciando el irremediable desenlace: “Así de simple quisiera Patri que fuera el relato que ella protagoniza (…). Y ya tú, Mario te diluyes. Y sólo quedo yo, otra voz ahora, que como Penélope, deshace el relato que ha entretejido cada poco, y lo vuelve a tejer, (…). Tendré que acabar con Patri. La historia ha empezado demasiado arriba, (…)”.


Susana Tomás nos pasea por la ciudad de Nueva York en “LEJANA COMO EL ÁLGEBRA Y LA LUNA”. Acompañamos a la protagonista en un recorrido que oscila entre la descripción de la intimidad y su proyección en el espacio físico de la ciudad. Cada recuerdo, cada emoción revivida tiene su dibujo en el escenario urbano que la acompaña. Un encuentro fortuito, azaroso, completa el periplo y aporta una visión de futuro que difumina la nostalgia de un pasado que se comprende irrepetible: “Miro el resplandor plateado en el cielo que me evoca un verso de Borges. Lejana como el álgebra y la luna. Y pienso en las diferentes formas que tienen las cosas de ir quedando atrás.”


El punto final a esta diversidad flashes de veinticuatro horas lo pone Lara Vázquez, con “SABINA ESTABA LEYENDO A GOMBROWICZ” que nos permite asistir a una suerte de metamorfosis de la protagonista: de profesora universitaria a actriz y directora premiada pasando por cajera de supermercado. El proceso es seguido y contemplado por un admirado profesor de literatura, compañero de la universidad quien, como narrador-testigo, (alternado en el punto de vista con la voz omnisciente), asiste a la evolución y las sucesivas decisiones de cambio de la protagonista. La
secuencia temporal se desdibuja en este relato que convierte el proceso en material narrativo de un proyecto literario.


Insatisfacciones y desengaños, ilusiones y proyectos, angustias y sueños “extrañamente adheridos a la realidad”, recorren estos relatos en forma de “mudanzas y movimientos” que, en palabras del ya citado Vila-Matas, “se dan en la vida y en los mejores cuentos, que son los que dibujan la vida”.

Sirva esta breve introducción para acompañar al lector en el íntimo placer de la lectura de estos nueve días lábiles, cuyos autores nos sitúan frente a ventanas que invitan a contemplar momentos de otras vidas, y que al cerrase nos devuelven en el cristal nuestro propio reflejo.

Y ahora, lo más importante: disfrutar del paisaje.

Àngels Campos Martínez.

Filóloga, Catedrática de Lengua castellana y literatura de Educación Secundaria.




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